El proyecto

Los mitos y leyendas encuentran su origen, en la constante necesidad humana de comprender aquellos fenómenos que escapan a su entendimiento, y a la natural inclinación espiritual de la especie para transcender los tiempos por medio de la memoria colectiva, la cual define culturas, creencias, símbolos, ritos e identidades.

En este sentido, nuestra segunda experiencia artística – patrimonial, nos ha permitido visibilizar cinco montañas, que dotan de una explicación cosmogónica a la conformación geográfica del territorio de la cuenca del Salar de Atacama.

Es así que “LAS BODAS DE QUIMAL” viene en consolidar el espíritu de continuación, que inspira al modelo de gestión cultural “CKURI”; proponiéndose generar equilibrios entre la práctica del andinismo, el arte de la fotografía y la puesta en valor de nuestro patrimonio
natural y cultural, acercando al observador el fascinante y enigmático paisaje de los Andes regionales y sus “Adoratorios de altura”, cuyas ruinas arqueológicas asociadas con el culto al sol y el agua, encuentran su zenit con el solsticio de invierno (“inti raymi”, “machaq mara”), al nacer el nuevo sol (“wawa inti”); que da paso a la época fértil de madre tierra.

La leyenda

Las leyendas son relatos transmitidos a través de las generaciones. Esa transmisión se ha dado de manera oral y escrita dentro de un clan, pueblo o dentro de los confines de una región específica.

La leyenda del amor entre el joven Lickancaur y la Ñusta Kimal, posee diversas narraciones, las cuales procedemos a trascribir.

Versión Clásica.

Licancabur y Quimal, comenzaron a coincidir al borde del Gran Salar, ambos absortos por el espectáculo de la muerte del Sol. Así, tras numerosos atardeceres Quimal y Licancabur caen profundamente enamorados. Todos iba bien, hasta que otro de los príncipes de la montaña. Lascar, habilidoso con la boleadora, una vez que caminaba con sus hermanos Tumiza y Potor, ve junto al Gran Salar a Quimal. Es así como la mañana siguiente y armándose de valor, Lascar va al encuentro de la hermosa Quimal, quien caminaba como de costumbre junto al Salar.

«Hermosa Quimal» – dice Lascar – «Mi corazón te pertenece, eres tú las mas bella de todas las montañas».

Quimal, sorprendida por la confesión de Lascar, no sabe que decir. Tras un largo silencio, la codiciada princesa le confiesa que su corazón le pertenece a Licancabur.

Lascar enfurecido por la confesión de Quimal, dice: «!Si no no puedo tenerte, nadie mas lo hará!»

A la mañana siguiente armando con su boleadora, va decidido a rendir cuentas con Licancabur.

«!Si Quimal no puede ser mía, de nadie mas será! – grita enardecido Lascar – mientras vuelve su boleadora. Un silbido rompió el cielo mientras la piedra remontaba en dirección a Licancabur. Sin embargo, Lascar yerra a su blanco, volando la cabeza de Juriques, su fiel compañero.

Ante tal afrenta Licancabur carga su honda, asertando un golpe franco a su contrincante del cual brota lava por sus heridas y humo por su corona, fruto del enojo de su derrota.

Justo en preciso intante de esta tragedia, Quimal vuelve a su paseo. Horrorizada por la escena, no pude dar fe a lo que ven sus ojos. Testigos de todo esto, las grandes montañas deciden intervenir.

«Acabad con todo esto. ¿Es este comportamiento digno de los hijos de nosotras, las grandes montañas tutelares?. Y tú, hermosa Quimal. ¿Qué pretendes con todo esto? He aquí nuestro castigo. Tú, Princesa por causar la discordia entre estos dos hermanos eres exiliada a la cadena montañosa deshabitada de Domeyko. Ahora tú, Lascar, serás condenado a estar siempre humeante lleno de ira y gruñendo de ofuscamiento. En cuanto a ti jove Licancabur, serás condenado a tener a tu lado a tu hermano menor Juriques por toda la eternidad, decapitado por culpa de tu imprudente amor. Y como su esto bo bastara, Quimal estará siempre frente a ti sin que nunca se puedan encontrar.

Es así, según la leyenda, como tomaron sus lugares sobre la Tierra estos volcanes y estas montañas por toda la eternidad. Sin embargo, aun hoy es posible ver en una época especifica del año año como el joven Licancabur acaricia con su sombra a su joven enamorada Quimal, sola al otro lado del Gran Salar.

Versión Moderna.

“Quimal”, la más hermosa de las doncellas de los Andes atacameños. Era pretendida por los jóvenes guerreros: “Licancabur” y “Juriques”. La “Ñusta” finalmente entregó su corazón a la “montaña del pueblo”, lo cual generó eldespecho de “Juriques”, quien en un arrebato de celos, intentó poseerla por la fuerza. Enterado de la afrenta cometida, “Licancabur”– en un ataque de ira– decapita con un golpe de masa a su desleal hermano, quien desde entonces, sería conocido en la cuenca del Salar
de Atacama como el “descabezado”.

Cerros y Volcanes exigieron justicia ante “Lascar”, quien a pesar de comprender las razones de “Licancabur”, tomó la decisión de separar a los amantes, enviando al destierro “Quimal”, al otro extremo del Salar de Atacama; lejos del alcance de su enamorado.

Sin embargo, el tiempo y la distancia no menguó el amor entre los jóvenes, provocando la compasión del anciano “Lascar”; quien finalmente les concedió reunirse una vez, por cada año, en aquel día coincidente con el nacimiento del nuevo sol para los pueblos del sur. Es así, como cada solsticio de invierno, las sombras de los amantes se encuentran; dando origen a un nuevo año para los Andes atacameños.

Es por eso que si se visita Atacama La Grande, verán erguido protegiendo al pueblo, al poderoso “Licancabur”. A su lado se ve a “Juriques”, descabezado y junto a ellos, una enorme explanada donde alguna vez habitó “Quimal”; quien yace solitaria al otro extremo del Salar de Atacama, coronando la cordillera de Domeyko.

Versión de Cecilio González

«Cuentan que hace mucho tiempo aquel cerro era una hembra muy bonita y ricachona. Tenía mucho oro y estaba casada con el Juriques. Un día decidió escapar, porque el Licancabur estaba enamorado de ella y no la dejaba tranquila y así es que ella queria llegar hasta el mar y perderse en las aguas del océano».

«No se sabe de donde venían ellos, pienso que del Yunga o tal vez de mas lejos. El Toconao y el Soconcha la acompañaron en su viaje, y su esposo el Juriques se vino tras ella. Cuando Licancabur se enteró que el Quimal se había arrancado y salió también persiguiéndola. Llegando acá el Licancabur, alcanzó al Juriques y se pusieron a pelear».

«El Quimal que iba mas adelante, se dio cuenta de que estaban peleando. Pescó su honda, le puso una piedra y se la lanzó al Licancabur, pero tuvo mala suerte el Quimal porque en vez de llegarle al Licancabur la piedra mató al Juriques y le voló la cabeza. El hondazo fue tan fuerte que la cabeza del Juriques fue a dar a una pampa al lado de Bolivia. Allá está y aun se le puede ver».

«Aquí quedaron el Quimal, el Licancabur y el Juriques, con su cabeza cortada. Ellos solamente podían avanzar durante la noche y tenían que llegar al mar antes del amanecer, pero por culpa de la pelea, aquí quedaron para siempre. El Quimal fue el ‘único que llegó un poco mas lejos. Algo alcanzo a acercarse al mar. En cambio el Licancabur y el Juriques ahí quedaron nomas, uno al lado del otro por ponerse a pelear. Mucho mas atrás quedó el Soconcha, como era flojo para caminar ni siquiera se le puede ver desde aquí, quedó por Bolivia. El Quimal se quedó con todo el tesoro. Por eso se habla que de allí se aparece un pueblo encantado y uno se para en campo mirando hacia el Quimal a las doce en punto y para la Semana Santa brilla el oro por unos segundos»